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Nuestra Historia


Rita Maltese nunca se preocupó mucho por seguir la moda, sin embargo, sus outfits diarios imponían tendencia a donde iba pues se vestía combinando los colores y texturas de una forma sofisticada con un toque maximalista. Nunca creyó que abrir una empresa de artículos de cuero la llevaría a involucrarse con los diseños contemporáneos y los nuevos estilos.

El 15 de noviembre del 2015, se registró oficialmente la marca BURANA. Al principio, Rita se enfocó en la revalorización del arte ancestral del telar de cintura de un caserío en extrema pobreza en el norte del Perú, al cual compraba telares hechos a mano y los convertía en lo que fueron sus primeros diseños: carteras y billeteras de cuero con telar.

No obstante, y por cosas que solo Dios sabe, BURANA ya no podía abastecerse de los telares de dicho pueblo, es entonces cuando Rita comienza a pensar en una solución a la “falta de motivo”, puesto que la razón de existir de la empresa- según la fundadora- tenía que ser netamente social.

Más adelante, Rita participa de un desayuno empresarial en la Cámara de Comercio de Lima, en donde el INPE (Instituto Nacional Penitenciario) presenta por primera vez, la iniciativa “Cárceles Productivas”, que animaba a las empresas privadas a establecer un taller dentro de los penales del Perú y enseñar a los internos los oficios de la industria, para que ellos puedan, al cumplir su pena, reinsertarse a la sociedad de forma digna y no vuelvan a reincidir. Es entonces cuando Rita encuentra nuevamente su motivación, y el 05 de junio del 2017, BURANA establece su taller en el penal Santa Mónica de mujeres, siendo así la primera empresa en sumarse al programa de reinserción social.

Después de 2 años de capacitación constante, las mujeres internas del penal Santa Mónica iban progresando; algunas de ellas salieron en libertad condicional y BURANA las contrataba ya extramuros.

Pero lo más fabuloso de todo, es que la hija de Rita, Anna Marcella Bravo, al cumplir los 18 años decide formar parte oficialmente de la empresa de su increíble y luchadora mamá, y es así como madre e hija, se vuelven, ya no solo mejores amigas sino socias. Anna Marcella siempre había admirado el trabajo de Rita, y aunque al comienzo no comprendía muchas cosas ni las razones por las cuales la fundadora de BURANA quería apoyar a las personas privadas de libertad, con el tiempo se enamoró del emprendimiento y más adelante se convirtió en la diseñadora de increíbles accesorios, los cuales puede ver tomar vida en cada proceso productivo.

Esta es la historia detrás de una empresa sostenible, que nació de pura casualidad, fue dirigida por una sola mujer entusiasta, y que más adelante, se convirtió en el tesoro de una madre y una hija.